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Zabala el Refugio de Peñalara

Me acerque hasta el Puerto de Cotos en el famoso tren. Toda una aventura que ya os contare. No había mucho publico en la zona, en el aparcamiento solo había cinco coches.
Lo primero, fue tomarme un copioso desayuno en la Venta Marcelino en una de sus mesas exteriores. Respirando aquel aire puro y disfrutando de una inmensa tostada de tomate. Revise mis anotaciones del lugar que visitaría en mi nueva investigación. ¿Peñalara? No uf, demasiado tarde para realizar tal proeza. Mi ruta duraría unos 6 km ida y vuelta. 
Sí, en esta ocasión había decidido realizar una caminata hasta los 2075 metros de altitud que se encuentra el  Refugio Zabala. Una preciosa edificación, pequeña de granito y cemento. El arquitecto Julián Delgado Úbeda realizo esta  edificación que gracias a los miembros pertenecientes a la Sociedad Peñalara, una sociedad de montañeros establecida a principios del siglo XX.

Inicie mi camino, observando la belleza del lugar. Que precioso sitio y si uno se para y gira 180º solo puede soltar un gemido de admiración.

El camino esta muy bien señalizado es ancho y al principio los pinos y la vegetación te animan en el paseo.

Llegue al cobertizo y me senté, mire nuevamente mis anotaciones. En aquel punto un poco más abajo sale la senda a las lagunas. Ahora la cosa se pone cuesta arriba y esto empieza ha ponerse más duro.


Las rampas cada vez eran más duras, parada para disfrutar del paisaje y leer las notas que me traje de Madrid. Mire atentamente a mi derecha y hay esta el Refugio que tiene el nombre en homenaje al alpinista José Fernández Zabala.

Me acerque hasta el, una preciosa obra arquitectónica. Julián Delgado Úbeda había hecho un gran trabajo. Era pequeño y cojedor, con más tiempo me hubiera quedado a dormir y todo.
Me senté en los escalones del refugió y observe atentamente mis notas. No siempre aquel lugar fue destinado a ser un refugio.
 
Desde el año 1969 a 1999 aquel lugar fue cambiado en su totalidad y se creó la estación de esquí Valcotos. El refugio,estaba cerca de la cabecera de la pista Zabala y se convirtió en un lugar donde guardar materiales e instalaciones de la estación.
Como cambian los sitios y ahora es una edificación dividida parte un minirefugio y parte almacén. Eso me lo contó uno de los trabajadores de la Venta de Marcelino cuando me tomaba un tentempié de regreso de mi visita de investigación.



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Una preciosa ruta de verano

Aquel fin de semana no había ruta propuesta por varios motivos pero a ultima hora y un cambio de planes... En un par de horas ya teníamos ruta decidida para realizar el fin de semana.
Aquel día por decisión unánime quedamos en el Puerto de Navacerrada. No había tanta gente como en el invierno por lo que aparcar fue cosa fácil. Aunque nuestro local de siempre estaba cerrado y tras un incursión en el que hay de frente acabamos en el primero.
Una foto con el famoso monumento a la familia Arias. Todos a los coches y nos fuimos por la carretera que va a San Ildelfonso hasta el Puente de la Cantina. ¡No hay Cantina! ja, ja.

Llegamos, aparcamos muy bien. Una vez puesto el equipo nos pusimos en marcha había que caminar unos metros por el puente y llegamos a la famosa fuente del Puente de la Cantina. La foto de inicio de ruta no se hizo esperar.

La senda que seguimos era una preciosidad. Lo tenía todo una espesa arboleda, todo verde, agua...
Aquel inicio de ruta nos encanto a todos.


Caminamos por el espeso bosque. El río Eresma nos acompaño en todo momento. El entorno era precioso.


La ruta era divertida, con pequeñas subidas y bajadas, paso entre pinos...Se podía decir que estabamos muy entretenidos.
El paisaje no me canso de decirlo era impresionante. Todo verde, helechos que tenían su reino.



 El Eresma nos regalaba hermosos paisajes que eran de película. Una senda que estaba bien señalizada y fácil de realizar.

Momentos divertidos, momentos de alegría, La ruta era tan cómoda y fresquita que teníamos muchos momentos para descansar y reírnos mucho.


El río Eresma parecía una fuente inagotable de preciosas zonas de verdes paisajes. Caminar junto a su orilla se convirtió en un precioso paseo difícil de olvidar.

El antiguo Camino del Paular nos indicaba que el Puerto de Cotos estaba cerca, Los paisajes cambiaron poco lo único que diferenciaba a las sendas anteriores era la ausencia del agua que durante tanto tiempo nos había acompañado.

Los últimos metros hasta la llegada al Puerto fueron un cómodo paseo para nosotros. Aunque alguno opino hacer un alto para comer el saber que la Venta Marcelino estaba tan cerca desoyó la propuesta.


Llegamos al Puerto de Cotos, Venta Marcelino estaba al completo de Senderistas y montañeros pero siempre tiene un sitio para Abantos. Una gozada comer sentados en una mesa con nuestra bebida fría (Tercio, Refresco) Un café y un helado. Todo un lujo para nosotros.

El descenso lo realizamos rápidamente por la misma senda por la que subimos aunque en un momento dado decidimos ir por un nuevo camino para descubrir nuevos parajes.



La nueva senda por la que descendimos nos ofreció un entorno de hermosos paisajes que todos recordaremos. El Eresma nos encanto.
Nuestra recompensa de celebración de final de ruta fue un éxito. Una ruta más podíamos gritar: