martes, 17 de noviembre de 2015

EL PUENTE DEL PERDÓN.

El nombre de este puente sobre el río Lozoya, en el término municipal de Rascafría (Madrid), se remonta al siglo XIV. Por esa época el valle de Lozoya pertenecía al Concejo de Segovia, debido a su espesa vegetación y la multitud de pinares, además de su difícil acceso, era el terreno adecuado para grupos subversivos de moriscos, malhechores y maleantes que hacían sus travesuras por estas tierras. Ante esta incontrolable situación los Reyes decidieron agilizar la administración de la justicia delegando parte de sus poderes, así, en las villas que crecieron después de la reconquista nacieron unos milicianos llamados "quiñoneros".

Estos quiñoneros podían juzgar y administrar justicia en este territorio inmediatamente, e incluso la pena máxima, sin necesidad de consultar con la corte. Las ejecuciones se cumplían en una casa llamada ‘Casa de la Horca’ a cinco kilómetros del Monasterio del Paular, entonces es cuando entra en juego el citado puente. Antes de partir para la casa de la Horca se les revisaba la sentencia a los delincuentes a los que algunos se perdonaba pero sin que estos lo supieran todavía. Se continuaba el camino y cuando llegaban al puente, a los que se les había perdonado se les dejaba sueltos, y cruzaban el río en libertad, de esta benevolencia le viene el bello nombre al no menos hermoso puente.

Sin embargo, el puente que hoy podemos observar frente al Monasterio de Santa María del Paular data del siglo XVIII. El primer Puente del Perdón fue erigido a principios del siglo XIV, en 1302. Las crecidas del río y la dura climatología invernal del Valle Alto del Lozoya deterioraron el puente, por lo que a mediados del siglo XVIII fue reemplazado por uno nuevo que es el que actualmente existe.

Sirvió a los monjes de vía de acceso hacia el Molino de papel de Los Batanes, una de las principales industrias que explotaban los monjes cartujos de Santa María de El Paular. Y como anécdota para terminar, de este molino salió el papel con el que se imprimió la primera parte de Don Quijote de La Mancha, publicada en Madrid en 1605