sábado, 21 de octubre de 2017

ABEDULAR DE CANENCIA

Regresamos al Puerto de Canencia una vez más. Las rutas por aquellos lugares siempre han sido de las que todo el mundo se lleva un gran recuerdo.
En esta ocasión nuestro guía Ciriaco eligió aquel lugar para contemplar el cambio de hoja en el precioso abedular del lugar,

Las nueve de la mañana fue la hora elegida para quedar en el aparcarcamiento del Puerto de Canencia lugar elegido para iniciar la ruta.

Los coches llegaron sin retraso, saludos, preparación de equipo, ajustes y todo estaba listo para iniciar el camino. La ruta estaba apunto de comenzar.

La foto de inicio de ruta como manda la tradición no se hizo esperar. El sol era tan potente que por más que se intento la luz ilumino los rostros a modo de aparición celestial.
 
Los colores del otoño ya se contemplaban en aquellos primeros metros de la ruta. Ninguno se resistió ha perder su mirada unos segundos en la profundidad del bosque.





 La senda estaba muy bien definida, era amplia y fácil de transitar. Todos habían empezado con mucha energía e ilusión la ruta. El día acompañaba y la elección de pasear por un bosque era algo que a todos gustaba.
   
El camino descendente toco a su fin, tocaba iniciar un ascenso que nos llevara ha contemplar vistas desde la altura o eso esperábamos. Comenzaron las primeras sudadas, comenzó el grupo a quitarse ropa.



Subir a lo más alto no solo produce esa sensación de poder, de dominar el firmamento, también es un disfrute para los sentidos. Las vistas eran para enmarcar, de una belleza difícil de olvidar.


La parada para comer fue muy relajante. Los paisajes, las sendas ascendentes, las conversaciones y la hora que era pedían una pausa para reponer fuerzas.
 

  

 La llegada al abedular fue algo que a todos gusto. durante toda la ruta los componentes del grupo  habían preguntado por el y parecía que no existiera.





La Chorrera de Mojonavalle, se encontraba cerca, pero... Ciriaco tiro de mapa y en unos minutos llegaron al lugar. La tentación de fotografiar el lugar no se hizo esperar. Unos y otros no dudaron en inmortalizar el momento.


El regreso a los coches fue rápido. Todos llevaban un grato recuerdo de la ruta. Los paisajes otoñales, el agua, los bosques, la chorrera... Aquel día a ninguno se le olvidaría.
Como siempre la celebración del final de ruta fue alegre y cordial. Claro la foto de fin de ruta con la técnica selfie no pudo faltar. Una vez más la ruta había sido un éxito.