lunes, 20 de agosto de 2018

Luna de sangre

  Todos los medios habían informado del gran acontecimiento que sucedería aquel viernes. Cuando la luz del cielo se apagara, la luna dominaría el firmamento, minutos después se produciría un eclipse y esta se teñiría de un tono rojizo.

  La tentación de realizar un paseo nocturno con los compañeros de Abantos no se podía dejar pasar. Un año más y ya van dos propuse el ascenso a la Maliciosa. Aquel paraje es el ideal para disfrutar de la belleza de la luna, sin contaminación lumínica, una senda que ya conocíamos y con unas vistas espectaculares.

  El Puerto de Navacerrada fue el punto lógico de encuentro para iniciar nuestra atrevida aventura. Cual fue nuestra sorpresa que el parking que por estas fechas esta siempre bajo mínimos parecía el de los famosos días de nieve. No cabía ni un alfiler. Todos habíamos tenido la misma idea, lógico.
Aunque habíamos quedado a las 20:30 PM pero las caravanas, el aparcar, retrasaron la llegada de muchos compañeros de ruta. Sí, llegamos a cuenta gotas. El parking era un tumulto de gente, todos habíamos venido a lo mismo.
  En el punto de encuentro una pequeña sorpresa alegro aun más a los miembros de la expedición. Las camisetas de Abantos se fueron entregando a todos aquellos que las habían pedido.  Una foto en grupo con la camiseta de Abantos puesta no se hizo de rogar.
 
  Iniciamos la marcha, la noche sería intensa y esperábamos una vez más tener muchas sensaciones positivas. El camino hacia la Bola (Cerro de las Guarramillas) parecía la Gran Vía en hora punta.  La tentación de hacernos unas cuantas fotos en aquellos inicios del ascenso no la dejamos pasar. En aquellas primeras rampas teníamos unos cuantos arboles conocidos que ya en otras ocasiones ya nos habían servido de fotocoles.
 



 
  Llegamos a la gran explanada, Las Cabrillas, donde un gran tumulto de gente esperaba para disfrutar del fenómeno nocturno que minutos después se produciría.


 
  Desde aquel punto donde se inicia el camino a la ruta de la tubería y el ascenso hasta la carretera que sin perdida nos llevaría hasta  el Cerro de las Guarramillas.
 

 
  Aquellos metros son duros, el camino esta lleno de piedras y tiene mucha inclinación.

  Cuando llegamos a la carretera, la cosa cambio ahora el ascenso era cómodo y no tan complicado.
 
  Seguíamos encontrando a mucha gente ascendiendo y algún que otro descendiendo. Muchos conocían la bajada térmica que se produciría al caer la noche y otros ignorantes de ellos ascendían para nuestra sorpresa sin ropa de abrigo. Unas cuantas fotos más para nuestro álbum y continuamos la marcha.
 

 

  La noche comenzó a tomar fuerza, aprovechamos para realizar unas fotos de esas que se denominan la belleza de atardecer. Aquello era un espectáculo. 

 
  En nuestras carnes vivimos lo que ahora en toda la Sierra de Guadarrama se llama la plaga de las cabras. Los que descendían y nosotros nos sorprendimos cuando un rebaño de estos abundantes animales cruzaron ante nuestros ojos. Ellas tenían preferencia, como no. Todo el mundo se asombraba de su presencia. Bueno, nosotros ya estamos muy acostumbrados a toparnos con ellas pero siempre es un espectáculo digno de ver. La noche conquisto el firmamento.


  Nos encontrábamos a unos pocos metros del famoso cerro de las Guarramillas cuando nos paramos a contemplar el espectáculo. Centenares de personas se encontraban en aquel lugar disfrutando del impresionante fenómeno lunar. El eclipse estaba en marcha. La luna roja había conquistado el firmamento. Intentamos alguna que otra foto pero con los móviles era difícil, a la par que muy complicado. Fue el momento de abrir las mochilas y sacar nuestros frontales.
 
  Descendimos sin pensarlo mucho por el primer camino que nos pareció bien, a los pocos minutos estábamos realizando un campo a través en busca del camino original y señalizado. Llegamos al Collado del Pimpollar, el pluviometro no se veía muy bien pero estaba en su lugar.
  Durante todo el trayecto anterior fuimos contemplando la luna llena eclipsada. Un recuerdo que no olvidaremos.
 


  El ascenso a la Maliciosa, se complicaba por momentos. Muchas piedras, apenas se veía ni con frontales y el frío comenzó a invadir nuestros huesos. 
 



 



 
  La luna nos ilumino con fuerza el eclipse se había acabado. Llegamos a la Maliciosa, para muchos era la primera vez que subían aquel lugar. Se podía apreciar la cara de felicidad de todo el grupo.Nos hicimos muchas fotos. Ahora tocaba cenar, el objetivo lo habíamos cumplido y nos lo merecíamos.
 
Iniciamos el descenso, aquello sería difícil.Cansados, poca visibilidad y muchas muchísimas piedras. Lentamente y realizando todas las paradas que fueron necesarias llegamos hasta el Collado del pimpollar.Quedaba lo más difícil, mental y físicamente. El ascenso hasta cerro de la Guarrmillas.

 

  Llegamos hasta el punto anteriormente mencionado y descendimos rápidamente hasta el parking donde teníamos los coches. Una ruta en la que todos disfrutamos, aunque el cansancio nos estaba ganando la batalla, pero mereció la pena.

Un saludo,


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Fotos obtenidas de compañeros de ruta y Pixabay, web de fotos gratuitas sin copyright.
Texto original de Miguel Ángel Villasante Rodríguez