domingo, 3 de marzo de 2019

Cascada del Purgatorio una ruta diferente


Por segundo fin de semana consecutivo elegimos como punto de partida el precioso pueblo de Miraflores de la Sierra. El lugar ya lo conociamos asi que no cambiamos en nuestra elección de punto de encuentro como tampoco en el lugar para desayunar. Teniamos todo controlado.
Fuimos llegando ordenadamente al lugar, nadie se perdió por el camino. Estabamos preparados para una nueva aventura.
En esta ocasio elegiomos subir por la M-611hasta llegar a la Fuente de Cossio. En esta ocasion pasamos por el Puerto de la Morcuera y lo dejamos atras. Mucho ciclista por el camino que fuimos adelantando facilmente gracias a nuestros conductores y las amables indicaciones que estos realizaban.
Llegados al punto de partida, aparcar fue sencillo había mucho sitio en el lugar. Nos equipamos y nos pusimos en marcha. Como no lo primero fue la foto de inicio de ruta. Como siempre todos nos colocamos precipitadamente para no perdernos aquella primera foto de las muchas que realizariamos durante el día.
El camino era sencillo una pista que rapidamente abandonamos para realizar un campo atraves por un precioso y melancolico bosque de pinos. Lugar sombrio donde aun pudimos apreciar los restos de antiguas batallas de bolas de nieve.



Atravesamos el lugar y llegamos a una inmensa pradera donde la nieve que aun quedaba era ya hielo. Atravesamos los bloques de aquella pista de patinaje sin problemas y avanzamos sin peligro alguno hasta alcanzar una amplia senda que nos llevo hasta el Refugio Juvenil de Morcuera. La senda a seguir era una que arrancaba un poco antes del Refugio.



Caminamos por una senda relativamente buena por el exterior de un inmenso bosque de pinos. Los paisajes que nuestra vista contemplaban eran preciosos. La nieve aun dominaba los altos cerros y eso le daba un toque especial al entorno.

Llegamos a Cerro Merino, lugar desde el cual tomamos una amplia pista cortafuegos. La inclinación del camino era considerable y la nieve convertida en hielo nos hizo disfrutar de cambios de rumbo.
Aun que parecia peligroso al final no fue para tanto, uno podía caminar agusto.
El Cerro Sarnoso fue el siguiente lugar que visitamos, teniamos que ascender pero nada que no se pudiera realizar. Momento para realizar una parada y retomar fuerzas contemplando la magestuosidad de nuestra montaña más alta. Peñalara nos observaba con un precioso semblante blanco.
Reanudamos el camino por una amplia senda que poco a poco se fue estrechandoy nuestro unico punto de referencia eran unos melancolicos hitos que en ocasiones había que forzar la vista para descubrirlos. La aventura acababa de iniciarse aquel tramo era el más complicado de todos.
Descendimos entre piedras por una estrecha senda, el paisaje cambio, podiamos escuchar el agua caer fuertemente. La cascada estaba cerca. Descendimos por aquel camino de cabras hasta que nuestros ojos observaron con gran admiracion la cascada.

Era la denonimada primera cascada. Muy poco conocida pero muy hermosa. Su hermna la Cascada del Purgatorio se llevaba la fama por su facil aceso y esta era la bella escondida. No dudamos en descender hasta la base y fotografiarnos en el lugar. Nadie quiso no tener un recuerdo del lugar.

Momentos de indecision. Continuar la marcha hasta la cascada del Purgatorio o no. Lo intentamos pero no fue posible un descenso por un bloque de rocas hizo dudar a más de uno y por unanimidad decidimos abandonar la contienda.


 Ascendimos lentamente parando para tomar aire y disfrutar dellugar. Ahora tocaba ascender y ascender. Suele pasar que cuando uno baja mucho tiene que ascender igualmente. Paramos en un lugar recogido y nos pusimos a comer, aun quedaba mucho camino de ascenso que recorrer.



Recuperados del esfuerzo reanudamos la marcha por aquella senda paralela al Arroyo del Aguilón. Ascendimos y luego descendimos. El bosque nos protegia pero sabiamos que más tarde o temprano tendrimos que acercarnos al Arroyo y cruzarlo.
Aquel lugar era precioso y más de una foto fue realizada para disfrutar en un futuro de ella con los amigos.

Sabiamos que la pradera estaba a la derecha y que el momento de cruzar el cauce del río llegaba cada cual lo hizo como pudo. Unos saltando por piedras, otros deslizandose atraves de ellas y otros arroyo atraves.
La pradera que horas antes cruzamos seguia tomando el sol y el hielo veia reducir sus dominios. Una vez más cruzamos la pradera y cruzamos el bosque. Los coches estaba cerca y más de una vez nos giramos para contemplar las bellas vistas.
La llegada a los coches fue un grato respiro para nuestros cansados pies. La aventura de largas bajadas, escaladas bertiginosas y una llegada en asceso habán sacado lo mejor de nosotros.

Regresamos a Miraflores de la Sierra y disfrutamos de una merecida ronda de cervezas. Ahora sí, podímos decir aquello de...