lunes, 7 de octubre de 2019

Casi llegan a Santiago de Compostela

Aquella mañana, los chicos de Abantos estaban decididos aventurarse en una nueva e histórica ruta de senderismo. El punto de encuentro era Montecarmelo, lugar desde el cual pondrían en marcha a sus pies. La primera Etapa del Camino de Santiago de Madrid estaba en marcha.
 Iniciaron la marcha desde el punto de encuentro en lo que aun era la ciudad pero en nada ya estarían fuera y caminarían por un amplio camino donde se notaba que las lluvias de los últimos días habían dejado su huella.
 

El camino era llano, como se prometió en el momento de plantear la ruta. Los numerosos kilómetros que nuestro grupo tenia delante eran un reto que todos sabíamos que realizarían.

 Caminaron durante algún tiempo por la amplia zona de la Cuenca del río Manzanares. Un paseo, por que es lo que era. El desnivel nulo favorecieron que el grupo charlara relajadamente disfrutando de aquel día de nubes y sol.
Los campos de cereales cosechados en meses anteriores y los huertos con mucha vida acompañan a nuestros amigos de Abantos en su camino. El paisaje despejados, amplios y llanos les dejaba ver a lo lejos.
Sin aviso alguno o quizás ya lo veían venir, las lomas conquistaron el lugar y aunque no cambiaba nada si sirvió para abandonar la monotonía de la senda llana. La agricultura, ganadería acompañaban una vez más a nuestros aventureros.

En el camino el agua de la tan deseada lluvia, había formado grandes charcos. Alguno de ellos sirvieron como un juego para una preciosa foto de recuerdo de una llana y preciosa ruta.


Con las fuerzas armadas toparon, el Goloso, un famoso cuartel de Madrid parecía poner fin a su aventura. El carril bici podía ser otro obstáculo para la dulce y fácil marcha del grupo. El camino a seguir ignoro las dos posibles dificultades y continuo paralelo al carril bici y esquivando a los militares.
 A lo lejos se podía apreciar Colmenar Viejo lugar donde la aventura debería acabar, pero se encontraban en el Camino de Santiago y cualquier podía decir aquello de:
- ¡No hay huevos de ir a Santiago de Compostela!
 
La Sierra de Guadarrama se podía apreciar en toda su belleza y el grupo contemplaba a esta como las nubes seguramente estaban dejando abundante agua en ella. El grupo no había sufrido las tempestades que se pronosticaban para aquel día en la Sierra, aunque alguna gota perdida sí había caído sobre ellos.
Colmenar les recibió de forma silenciosa, nadie les esperaba, nadie sabia de su aventura. El grupo de aventureos se encargaron con sus gritos de un cansado triunfo de hacerse oír.
Una vez más Abantos podía decir que sus aguerridos montañeros habían superado una nueva aventura.