miércoles, 29 de noviembre de 2017

HAYEDO DE LA TEJERA NEGRA


Llegar hasta el punto de encuentro no fue un paseó de flores. teníamos un largo camino desde Madrid. Dos horas de viaje, un montón de curvas y llegamos al lugar donde habíamos quedado a la hora estimada.
El Hostal Restaurante el Hayedo estaba abriendo cuando llegamos. Unos cafés con leche, tostadas con tomate etc... Media hora después ya estábamos preparados para iniciar la ruta.
Cogimos los coches para desplazarnos hasta el aparcamiento donde iniciaríamos nuestra caminata. Este no estaba muy lejos y teníamos mucho espacio para aparcar cómodamente nuestros vehículos.
  
En esta ocasión nuestro guia, Mariano había optado por la ruta larga. Preparamos nuestras mochilas, nos atamos bien el calzado ... Iniciamos nuestra marcha felices, ilusionados, sabíamos que aquel lugar no nos decepcionaría. ¡La foto de inicio de ruta!
Contemplamos un pequeño puente de piedra a lo lejos, cuando llegamos no pudimos resistirnos ha tomar alguna que otra foto. Los móviles ya llevaban rato echando humo pero aquel sitio nos pareció especial.
  

El camino por donde circulamos  en aquel arranque de ruta era amplio y cómodo. Comenzamos a charlar, reír ... Nuestros ojos ya empezaron a disfrutar, todo al rededor era precios.
  


  
La senda fue cambiando de aspecto, ya no era tan amplia como la inicial pero muy cómoda de llevar. Lo que contemplaban nuestros ojos era de una belleza fascinante. ¡Que preciosidad de lugar! Subimos aquel pequeño cerro cada uno a nuestro ritmo, estábamos muy felices porque la ruta era cada vez más bonita.
  

  

  
Aquella zona sin arboles nos maravillo por que las vistas eran muy bonitas. Paramos para descansar, comer algo y disfrutar del lugar.

El camino nos llevo hasta un lugar de bellas vistas donde había numerosas comiendo. No dudamos en realizar alguna que otra foto antes de adentrarnos en el bosque.
  

Nos adentramos en el hayedo y aunque los arboles habían perdido su abrigo de hojas nosotros supimos como sacarle partida al entorno.
  

  

  


  

  

  
 Jugamos con las hojas, sacamos fotos de postal, reímos...Aquel lugar contagiaba alegría, paz...

  
Llegados hasta el lugar donde la arboleda se hacia la dueña del lugar nos empezamos a dar cuenta que el otoño estaba muy avanzado y que nuestro intento por contemplar un paisaje de bellas hayas de mil tonalidades tendría que ser para otro año. Nada que el hayedo, nos estaba invitando a regresar.

  

  
    

   

    

    

Llegamos a un lugar que muchos conocíamos del año anterior. En aquel sitio habíamos dejado los coches el otro año y fue desde donde iniciamos la ruta. Ahora solo nos quedaba seguir la senda del cauce del río y llegaríamos a nuestro punto de inicio sin perdida alguna.

  

La naturaleza nos dejo imágenes para el recuerdo, algún esqueleto de una vida pasada, setas....

Regresamos a los coches con la satisfacción d haber realizado una preciosa ruta. Había sido una jornada de las que uno tarda en olvidar, el lugar una preciosidad y la compañía como siempre lo mejor.
Celebramos la preciosa jornada rutera que habíamos tenido. Una vez más las tierras de Guadalajara nos habían sorprendido con su belleza y encanto.

¡UNA VEZ MÁS!