jueves, 27 de febrero de 2020

El río Alberche ilumino el sendero

Pelayos de la Presa fue el lugar elegido en esta ocasión para nuestra nueva aventura. Un apacible paseo por la vereda del río Alberche.

Fuimos llegando poco a poco al punto de encuentro la churrería del pueblo, lugar en el que cogimos fuerzas para nuestro paseo-rutero.

El inicio de la ruta estaba alejado del pueblo, teníamos que coger el coche hasta llegar al área recreativa de la cola del Embalse de Picadas.
Una vez en el lugar preparamos los equipos y buscamos un lugar donde realizar la primera foto del día, el inicio de ruta.

El camino a seguir era sencillo, una pista asfaltada, conocida como la Cañada Talavera. El grupo avanzo alegremente contemplando el paisaje de pinos y charlando alegremente. A medida que avanzavamos también subíamos y podíamos ver la Presa de Pelayos y el pueblo a la vez que disfrutavamos de otros parajes desconocidos para nosotros.
Abandonamos aquel sendero asfaltado y avanzamos por uno de tierra. Ya no teníamos que ascender más en el día ahora tocaba llanear y descender.


Caminamos tranquilamnte por aquel hermoso paraje de impresionantes pinos y lugares donde solo los cabreros avitan en todo el año. El descenso a la vía verde se aproximaba y el guía comenzó avisar que tuviésemos cuidado que era un poco dura la bajada.
Llegamos a la senda que ya no abandonaríamos en el resto del día. El Alberche nos acompañaría a lo largo del camino que nos quedaba.



En los diferentes puentes que había en el camino nos paramos a contemplar los preciosos parajes que el río nos ofrecía y la naturaleza nos regalaba. No recuerdo las veces que paramos pero los momentos que captamos para el recuerdo fueron numerosos.

Llegamos al inacabado túnel que años átras un grupo de obreros realizaron para la las obras del ferrocarril del Tietar que nunca se llego a completar. Ya sabéis la guerra, otros intereses...
Todos pasamos por aquel oscuro lugar, donde en todo momento veíamos la luz de la salida.
La via verde, nos llevo hasta la presa de Picadas, lugar donde nuestro recorrido finalizaba. Disfrutamos del paisaje y nos hicimos la esperada foto con la mítica bandera de Abantos.
Regresamos por nuestros pasos pero teníamos que buscar un sitio tranquilo donde disfrutar de un merecido descanso para comer. No lo dudamos mucho en una preciosa explanada con vistas al río nos acomodamos y disfrutamos de aquel momento.

El camino de regreso bajo el intenso sol de febrero, agotaba al más fuerte de la caminata. Cuando llegamos al coche todos celebramos el a ver realizado una preciosa ruta, sin incidentes.

Celebramos nuestro final de ruta brindando todos juntos en una terraza de Pelayos de la Presa. Una vez más podíamos decir: