miércoles, 11 de marzo de 2020

Ni la niebla pudo esconder el Pico del Fraile.

Decidimos en esta ocasión visitar el pueblo de Zarzalejos, una pequeña localidad de Madrid con una pequeña gran montaña que todo senderista quiere y debe visitar.
El lugar donde quedamos fue el ayuntamiento a las 9:30 para desayunar y planificar la ruta que teníamos que realizar. El bar que elegimos era una preciosa casa de piedra con adornos de labranza y un servicio que nos atendio maravillosamente.

Iniciamos el camino hacia el Pico del Fraile mirando atentamente a la montaña, la niebla parecía no querer irse del lugar y todos pensamos que se iría mientras ascendíamos. Callejeamos unos metros hasta que encontramos una senda que nos llevaría hasta lo más alto del lugar.

El camino era estrecho, fácil de seguir y protegido por una preciosa vegetación. Ascendimos rápidamente mirando siempre hacia la cima que parecía no querer desprenderse de aquella fina niebla.
Llegamos al collado, lugar desde el cual teníamos que elegir si subir a la Machota Baja (1404 m) o visitar el Pico del Fraile. Aunque la niebla seguía cubriendo el paisaje que nos rodeaba decidimos visitar la Machota aun sabiendo que no veríamos nada.

Nuestros corazones pedían que la niebla levantara para contemplar los hermosos paisajes que desde aquel mirador natural se contemplaban. Avanzamos hasta el lugar pero a pocos metrospor seguridad decidimos abandonar la expedición por seguridad.

El Pico del Fraile era el segundo lugar a visitar, teníamos que subir una pequeña montaña hasta acceder a nuestro siguiente punto. La niebla no nos quería dar ni una pequeña tregua. Minutos ante pudimos contemplar vagamente el Escorial y nuestro Monte Abantos.


Llegamos al Pico del Fraile y nos fotografiamos en el lugar de mil y una formas. El sol quería hasta salir pero las nubes bajas seguían  dominandolo todo.
Caminamos por el lugar y en algún que otro instante pudimos ver el Escorial la Machota Baja. Decididamente la Machota Alta (1461 m) la visitamos sin saber que estavamos en ella y decidimos regresar al collado y bajar por donde habíamos subido.
En el Collado, ya sin niebla decidimos parar a comer, disfrutar de las vistas del Real Monasterio del Escorial y de su entorno.
La niebla hizo que se marchaba y en el descenso nos dejo contemplar la Machota Baja en todo su esplendor. Algunos gastamos la broma de aprovechar a visitarla.
El camino de bajada era claro, no tardamos mucho en llegar a Zarzalejo con la ilusión de disfrutar de un precioso final de ruta en nuestro local preferido del lugar.
 
 Ya podíamos decir: